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Respuesta del Rvmo. Gene Robinson, Obispo de Nueva Hampshire sobre la falta de invitación a la Conferencia de Lambeth

[Episcopal News Service] En primer lugar quiero expresar mi agradecimiento a Ed, Bruce y Tom. Ellos fueron muy honestos en la tarea que les fue encargada por la Obispa Presidenta. Ellos han estado en estrecha comunicación conmigo. Me he sentido muy apoyado por ellos y ellos me han representado en forma excelente.

Quiero dejar bien en claro que no estoy aquí para quejarme. En la tarde del viernes yo me enteré del resultado de las negociaciones. Desde entonces me he sentido muy quebrantado.

Pero quiero reconocer que yo no soy la primera ni la última persona que se ha sentido quebrantado durante una reunión de esta Cámara de Obispos.

Durante las últimas 36 horas mi dolor fue tan intenso que yo me sentí impulsado a huir y escaparme. La inspiración para quedarme surgió de mis hermanos miembros de esta cámara que son conservadores. Yo he visto a John Howe y Ed Salmon y otros hacerse presente durante muchos años a pesar de haber sufrido mucha pena. Yo veo a Bill Love y Mark Lawrence y creo que para ellos es muy difícil estar presentes en estos momentos. Pero para mí, el peor pecado es abandonar la mesa. Y esto es lo que estuve a punto de hacer. Pero, mayormente por su ejemplo, me quedé. Les estoy agradecido.

Quiero decirles porqué decliné aceptar la invitación propuesta. Yo creía sinceramente que algo se hubiera podido lograr. He estado en contacto con la Oficina de la Comunión Anglicana durante casi un año. La primera llamada la recibí cuatro días antes que fueran enviadas las invitaciones a Lambeth. Pensé que se podría haber logrado un acuerdo.

El ofrecimiento para estar presente en el "Marketplace" no merece ser considerado. Esto yo lo puedo hacer ahora. Tener un taller y una tarde para ser entrevistado por la prensa secular nos lo que yo estaba buscando. Yo no iba a asistir a Lambeth para tener otra entrevista con la prensa secular. Si voy a ser entrevistado, prefiero hacerlo con un teólogo. Yo quiero hablar sobre el amor de Cristo. Quiero hablar sobre el Dios que me salvó y me redimió y continúa viviendo en mí. Yo quiero hablar sobre el Cristo que yo conozco en mi vida.

Pero me siento muy asombrado sobre el error de considerar esto como un tema de derechos para los gays. Puedo serlo en otro contexto, pero en este caso se trata del amor de Dios para todos los hijos de Dios. Es una discusión teológica y no acto teatral. Me he sentido muy decepcionado porque he deseado participar en el estudio bíblico y en grupos pequeños no ha sido provisto. Y me pregunto: ¿si no podemos sentarnos a la mesa y estudiar juntos la Biblia, cuál es la clase de Comunión que tenemos y que estamos tratando de salvar?

Me agobia y conmueve que no podemos sentarnos alrededor de la mesa, como hermanos y hermanas en Cristo y estudiar juntos las Escrituras. Las últimas 48 horas han sido muy difíciles estando sentado aquí y escuchar sus planes para Lambeth.

En estos momentos tan difíciles siento que en lugar de dejar las 99 ovejas y buscar a la oveja perdida, mi pastor principal, el Arzobispo de Cantórbery me ha separado del rebaño.

Quiero pedirles dos cosas. Algunos me han dicho que si yo no soy invitado, ellos tampoco asistirán. Pero quiero decir esto muy claramente: ustedes deben asistir. Ustedes deben hacerse escuchar. Y de alguna forma ustedes deben lograr que mi voz y las voces de todas personas gay y lesbianas de su diócesis y que por el momento no pueden hacerse oír en estas situaciones puedan ser escuchadas. Yo prefiero hablar y no que se hable de mí. Pero ustedes de ir y contar las historias de su pueblo, los fieles miembros de su rebaño que son gays y lesbianas.

Por amor de Dios ¡no falten!

Y en segundo lugar no dejen que me separen de ustedes. No permitan que esto suceda. Será difícil pero deberemos esforzarnos para lograrlo. Yo se que al final de cada día ustedes no querrán tener otra reunión más pero yo quiero estar en contacto con ustedes. Espero que ustedes estén dispuestos a mantenerse en contacto conmigo.

Desde el primer día que ingresé a esta Cámara he sido bienvenido y tratado con respeto aun, y quizás especialmente, por aquellos de ustedes que no dieron su consentimiento.

Nunca podré estar suficientemente agradecido por esto. En todo y en cada momento yo siempre apreciaré su bienvenida y su hospitalidad.

No dejen que me separen de ustedes.

Esta situación es muy triste para mí y para mi diócesis. No podré compartir con ellos las experiencias que ustedes tendrán. Pero yo estaré allí presente, en el "Marketplace" dispuesto a hablar con quien desee hablar conmigo, particularmente con aquellos que no están de acuerdo conmigo. Y, si ustedes me conocen, saben que esto es verdad.

Ahora my enfoque debe cambiar. Tal vez esto sea lo que Dios ha querido. Yo esperaba centrar mi interés en la comunidad de obispos en Lambeth, haciendo mi aporte a las deliberaciones. Pero ahora creo que debo ir a Lambeth pensando en las personas gay y lesbianas de todo el mundo que estarán observando lo que allí suceda. Yo iré a Lambeth recordando los 100 adultos jóvenes que conocí en Hong Kong durante el otoño pasado y que se reúnen los domingos por la tarde para adorar y cantar las alabanzas al Señor en una catacumba secreta por su seguridad. Pues ellos no pueden ser gay y cristianos en sus propias iglesias. Yo llevaré sus recuerdos conmigo a Lambeth. Ellos me dijeron que la Iglesia Episcopal era la esperanza que tenían de una iglesia diferente y acogedora. Ellos me dijeron que estaban contando con nosotros. Ciertamente, las cosas que hacemos en la Iglesia Episcopal tienen ramificaciones muy remotas; pero, algunas veces, esta clase de ramificaciones es buena.

Yo espero que nosotros podamos conversar sobre las formas en que podremos estar en contacto en Londres. Yo estaré orando por ustedes permanentemente. Yo se que será muy extraño estar apartado de ustedes. Pero podremos hacerlo si en verdad queremos. Yo tengo el más absoluto respeto y deferencia por el Arzobispo de Cantórbery y la situación difícil en que se encuentra. Yo estaba tratando de ayudarle, pero no pudo ser así.

Oren por mí. Lo necesitaré... mucho.

-- Traducido por el Rev. Thomas Mansella, coordinador del servicio de traducciones del Centro Episcopal.

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